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¿Se puede vivir en casa durante una reforma integral? Qué valorar antes de decidir

Empezar una reforma integral supone un cambio importante en el día a día. Además de elegir materiales, definir el presupuesto o planificar los trabajos, hay una decisión que muchas personas deben tomar antes de que comiencen las obras: permanecer en la vivienda o buscar un alojamiento temporal.

No existe una respuesta válida para todos los casos. La posibilidad de seguir viviendo en casa dependerá del tipo de reforma, de su duración, del número de personas que residen en la vivienda y de cómo se organice el proyecto. Mientras que algunas reformas permiten mantener cierta normalidad, otras hacen prácticamente imposible desarrollar la rutina diaria.

Antes de decidir dónde vivir durante la reforma, conviene conocer cómo se organizarán los trabajos y cuál será el calendario previsto. En proyectos de reformas integrales con Renov-art, esta planificación previa es especialmente útil para prever las fases más complejas y valorar si es posible permanecer en la vivienda durante las obras.

Factores que determinan si es posible seguir viviendo en casa

La primera cuestión que hay que valorar es el alcance de la reforma. No es lo mismo renovar una cocina o un baño que reformar completamente una vivienda. Cuando las obras afectan a varias estancias al mismo tiempo, la convivencia con los trabajos suele resultar mucho más complicada.

Uno de los principales inconvenientes es el polvo. Aunque las empresas de reformas utilizan sistemas de protección y realizan limpiezas periódicas, durante una reforma integral es inevitable que el polvo se extienda por buena parte de la vivienda. 

A esto se suma el ruido constante. Martillos, taladros, maquinaria de corte o trabajos de demolición pueden prolongarse durante varias horas al día. Si se trabaja desde casa, se estudia o simplemente se busca tranquilidad, esta situación puede llegar a ser muy incómoda.

También hay que tener en cuenta los cortes temporales de suministros. En determinadas fases de la obra puede ser necesario interrumpir el suministro de agua, electricidad o gas para realizar nuevas instalaciones o modificar las existentes. Aunque estas interrupciones suelen estar planificadas, pueden dificultar considerablemente la vida diaria.

Otro aspecto importante es la seguridad. Durante una reforma es habitual encontrar materiales almacenados, herramientas, cables o zonas en las que todavía no se puede acceder con normalidad. Esto adquiere especial relevancia cuando viven niños pequeños, personas mayores o mascotas en la vivienda.

La duración prevista de la reforma también influye en la decisión. Si los trabajos van a extenderse durante varios meses, muchas familias optan por trasladarse temporalmente para evitar el desgaste físico y emocional que supone convivir con las obras durante tanto tiempo.

En cambio, cuando la reforma se organiza por fases y únicamente afecta a determinadas zonas de la vivienda, puede ser posible continuar residiendo en ella, siempre que existan espacios habitables y los profesionales planifiquen correctamente los trabajos.

En cualquier caso, una buena comunicación con la empresa encargada de la reforma resulta fundamental. Conocer el calendario previsto, las fases de la obra y los momentos en los que habrá mayores molestias ayuda a organizar mejor la rutina y tomar decisiones con antelación.

Ventajas e inconvenientes de hacer reformas viviendo en casa

Una de las principales razones por las que muchas personas deciden hacer reformas viviendo en casa es el ahorro económico. Al no tener que alquilar otra vivienda ni asumir gastos adicionales de alojamiento, el presupuesto puede destinarse íntegramente a la propia reforma.

Además, permanecer en la vivienda permite realizar un seguimiento constante de los trabajos. Es más sencillo resolver dudas, supervisar pequeños detalles o tomar decisiones rápidas cuando surgen imprevistos durante la ejecución del proyecto.

Sin embargo, esta opción también presenta algunos inconvenientes que conviene valorar antes de comenzar las obras.

La pérdida de comodidad es probablemente el más evidente. Espacios inutilizados, muebles protegidos, materiales de construcción y continuos movimientos de operarios alteran por completo la rutina habitual.

Las tareas cotidianas también pueden complicarse. Cocinar, ducharse, descansar o incluso acceder a determinadas habitaciones puede resultar difícil durante algunas fases de la reforma.

El estrés es otro factor que no debe subestimarse. Convivir durante semanas con ruido, suciedad y cambios constantes puede afectar al descanso y al bienestar de quienes viven en la casa.

Por ello, muchas personas optan por buscar temporalmente otro alojamiento. Cuando surge la duda sobre dónde vivir durante la reforma, hay que poner sobre la mesa varias alternativas. Algunas familias se trasladan a la vivienda de un familiar, otras alquilan un apartamento durante unas semanas y otras aprovechan para pasar una temporada fuera si sus circunstancias personales o laborales lo permiten.

Aunque esta opción supone un coste adicional, también permite que los trabajos se desarrollen con mayor rapidez. Los profesionales pueden acceder libremente a todas las estancias sin necesidad de adaptarse a los horarios o necesidades de los residentes.

En determinadas reformas, abandonar temporalmente la vivienda incluso puede reducir el plazo de ejecución, ya que facilita la coordinación entre los diferentes oficios que intervienen en la obra.

Si finalmente se decide permanecer en casa, conviene tomar algunas medidas para minimizar las molestias. Proteger correctamente los objetos personales, vaciar las habitaciones donde se va a trabajar y delimitar claramente las zonas habitables contribuirá a que la convivencia sea más llevadera.

También es recomendable acordar con la empresa de reformas los horarios de trabajo y conocer con antelación qué estancias estarán disponibles en cada momento. Una planificación adecuada ayuda a reducir imprevistos y facilita la organización familiar.

En algunos casos, una solución intermedia consiste en permanecer en la vivienda durante las primeras fases y trasladarse únicamente cuando comienzan los trabajos más complejos, como la renovación de instalaciones o la reforma simultánea de cocina y baños.

No hay que olvidar que cada vivienda es diferente. El tamaño del inmueble, la distribución, el número de baños disponibles o la posibilidad de aislar determinadas zonas condicionan la viabilidad de seguir viviendo en ella durante las obras.

Por este motivo, antes de tomar una decisión conviene analizar el proyecto junto con los profesionales encargados de ejecutarlo. Su experiencia permitirá valorar de forma realista el nivel de molestias previsto y determinar si es recomendable hacer reformas viviendo en casa o si resulta más conveniente buscar una alternativa temporal.