Una reforma integral supone intervenir en buena parte de una vivienda. Puede incluir la renovación de instalaciones, baños, cocina, suelos, revestimientos, carpintería o distribución. Debido al alcance de estos trabajos, una de las primeras decisiones que deben tomarse es cómo organizar la obra.
Básicamente, existen dos posibilidades. La primera consiste en ejecutar toda la reforma de una sola vez. La segunda es plantear una reforma integral por fases, dividiendo las actuaciones en diferentes periodos. Las dos alternativas son válidas, pero tienen implicaciones diferentes en cuanto a presupuesto, plazos, comodidad y planificación.
La situación económica de cada familia suele tener bastante peso en esta elección. Sin embargo, no debería ser el único criterio. También hay que estudiar qué trabajos se van a realizar, la relación que existe entre ellos y hasta qué punto resulta viable dividirlos sin repetir tareas o incrementar innecesariamente los costes.
Por este motivo, antes de comenzar conviene definir un plan de actuación. Incluso cuando los trabajos se vayan a desarrollar durante varios meses o años, tener claro desde el principio el resultado que se quiere conseguir facilita mucho las decisiones posteriores.
¿Es mejor hacer una reforma integral por fases o ejecutar toda la obra a la vez?
Hacer toda la reforma de una sola vez suele ser la opción más sencilla desde el punto de vista de organizativo. Por ejemplo, en nuestro servicio de reformas integrales en Valencia los distintos profesionales se coordinan en un mismo calendario y los trabajos se ejecutan siguiendo una secuencia previamente establecida, buscando la máxima eficiencia en tiempo y recursos.
Esta alternativa también reduce el riesgo de tener que intervenir dos veces sobre una misma zona. Por ejemplo, si se van a sustituir las instalaciones eléctricas y de fontanería, cambiar los pavimentos y renovar la cocina, hacerlo dentro de una única obra permite coordinar todas estas actuaciones.
Además, el tiempo total de intervención suele ser menor. La vivienda estará en obras durante unas semanas o meses, dependiendo de sus dimensiones y de la complejidad del proyecto, pero una vez terminada la actuación no será necesario volver a convivir con polvo, ruidos y el ajetreo de la entrada continua de profesionales.
La principal dificultad es económica. Ejecutar una reforma completa exige afrontar la inversión en un espacio de tiempo relativamente corto. Esto puede hacer que algunos propietarios prefieran una reforma integral por partes, distribuyendo el gasto a lo largo del tiempo.
Dividir la reforma también puede ser interesante cuando determinadas zonas necesitan una intervención urgente y otras pueden esperar. Una instalación antigua, un baño deteriorado o una cocina poco funcional pueden tener prioridad frente a trabajos principalmente estéticos.
Sin embargo, al contrario de lo que muchos creen, reformar por fases requiere una planificación especialmente cuidadosa. No consiste simplemente en elegir una habitación, terminarla y pasar a otra cuando exista presupuesto. Hay trabajos que afectan a varias estancias y que conviene ejecutar conjuntamente.
Por ejemplo, cambiar toda la instalación eléctrica de una vivienda después de haber terminado paredes y pintura en algunas habitaciones podría obligar a volver a intervenir sobre superficies ya reformadas. Lo mismo puede suceder con tuberías, climatización o determinados cambios en la distribución.
Por eso, las fases de una reforma integral deben definirse teniendo en cuenta las dependencias entre los diferentes trabajos. El objetivo es evitar duplicidades y conseguir que cada actuación deje preparada la vivienda para la siguiente.
Una reforma por etapas también puede alargar considerablemente el proceso. Si transcurren varios años entre el primer trabajo y el último, pueden cambiar los materiales disponibles, los precios o incluso las necesidades de quienes viven en la casa. Conviene tener este factor presente antes de optar por esta modalidad.
Cómo organizar las fases y decidir dónde vivir durante una reforma
Cuando se opta por dividir los trabajos, conocer el orden para reformar una casa resulta fundamental. Aunque cada vivienda y cada proyecto son diferentes, las actuaciones más invasivas suelen realizarse antes que los acabados.
El primer paso es definir el proyecto completo. Hay que determinar qué se quiere modificar y qué elementos se conservarán. Si se pretende cambiar la distribución, este aspecto debe resolverse antes de comenzar con instalaciones, pavimentos o revestimientos.
Después suelen llegar las demoliciones y los trabajos de albañilería necesarios para crear la nueva distribución. A continuación, se interviene sobre las instalaciones que deben quedar ocultas, como electricidad, fontanería, saneamiento o climatización.
Una vez resuelta esta parte, se puede avanzar con paredes, techos, revestimientos y pavimentos. Posteriormente se colocan elementos como sanitarios, mobiliario fijo, mecanismos eléctricos, puertas o determinados componentes de la cocina. Los últimos pasos suelen reservarse para pintura, remates y otros acabados.
Este orden de trabajos en una reforma no tiene por qué ser idéntico en todos los proyectos, aunque sí es el habitual cuando se lleva a cabo una reforma integral. Una vivienda que únicamente necesita renovar cocina, baños y acabados tendrá unas necesidades diferentes a otra en la que se vaya a modificar por completo la distribución. De ahí la importancia de estudiar previamente el inmueble y definir una planificación adaptada a la obra.
Si se quiere ejecutar una reforma integral por fases, también hay que pensar en cómo afectará cada etapa a las siguientes. Puede resultar conveniente comenzar por actuaciones generales, como instalaciones o modificaciones estructurales, para pasar posteriormente a zonas concretas.
Otra cuestión importante es decidir si resulta posible hacer reformas viviendo en casa. En actuaciones pequeñas puede ser una opción viable, pero una reforma integral presenta más dificultades. El polvo, los ruidos y la presencia constante de trabajadores son solo una parte del problema.
Durante ciertos momentos pueden producirse cortes temporales de agua o electricidad. También es posible que la cocina o el baño queden inutilizados durante varios días. Si la vivienda dispone de un único baño y este va a reformarse por completo, permanecer en el inmueble puede resultar especialmente complicado.
Vivir en casa mientras se reforma también puede influir en la organización de los trabajos. Los profesionales necesitan disponer de espacio para trabajar, mover materiales y almacenar herramientas. Mantener determinadas habitaciones operativas puede limitar los accesos y obligar a dividir aún más las actuaciones.
Una reforma por partes puede facilitar la convivencia en algunos casos. Por ejemplo, se puede mantener una zona habitable mientras se trabaja en otra. Aun así, esta posibilidad debe estudiarse antes de comenzar, ya que no todas las intervenciones pueden aislarse fácilmente.
También conviene valorar dónde vivir mientras reformas tu casa si permanecer en ella no resulta práctico, que lo habitual es que no sea así. Alojarse temporalmente con familiares, recurrir a una segunda residencia o alquilar una vivienda durante el periodo de obras son algunas posibilidades. Esta decisión supone un coste adicional que debería incluirse desde el principio en el presupuesto global de la reforma.
La duración prevista de los trabajos es otro factor relevante. Mudarse temporalmente puede resultar razonable en una reforma concentrada de unas semanas o meses. En cambio, cuando la actuación se divide en diferentes periodos, puede ser necesario buscar soluciones distintas para cada etapa.
No existe, por tanto, una fórmula que sea adecuada para todas las viviendas. Hacer una reforma de una sola vez permite concentrar los trabajos, reducir el tiempo global de intervención y simplificar la coordinación. Por el contrario, una reforma integral por partes permite repartir la inversión y priorizar las zonas que requieren una actuación más inmediata.
